martes, 5 de agosto de 2008

Sin Sentido

Basta!... grito con toda la furia que sale de mi alma, que se escurre por mis venas, que escapa a los limites de mi razón, una furia que me carcome.
Basta!... a modo de límite, como un niño, compro las mentiras que me venden los demás y entonces las hago mías.
Basta!... como si realmente la conciencia pudiera controlar los deseos más salvajes que nos devoran desde el inconsciente.
Pero este grito no se implica en la fantasía de controlar un deseo, muy por el contrario, es un grito de dolor, pues ya no deseo; ya no deseo porque no creo en la posibilidad de que ese deseo pueda materialisarse alguna vez.
Y es que en tu macabro juego encontró la muerte la última gota de inocencia que mantenía viva la niña que siempre fue la escencia de mi ser, esa que nunca pudiste ver, que te será desconocida para siempre aunque hayas sido su verdugo.
Que triste!... mis lágrimas no responden a la muerte de la niña, mis lágrimas expresan el dolor que me produce el desconocimiento del verdugo, pues no puedo hacer responsable a aquel que dio muerte a lo que no sabía que existía.
Y entonces... qué queda de mi ahora?
Simplemente un nombre...